Lo Académico: Una mirada desde la música

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Por: Humberto Tovar Pachón, Docente Investigador del Programa de Música, Extensión Zipaquirá

Para comenzar se deben desagregar los elementos que constituyen ese título y desde allí comenzar con la discusión.

Nos encontramos de entrada con el pronombre personal “Lo” tercera persona del singular, pronombre que deja encriptado el sustantivo al que sustituye, el que, echando mano de la dimensión paradigmática del lenguaje, puede ser tomado por el sustantivo que satisfaga la intensión comunicativa del emisor; pronombre que está acompañando por el adjetivo calificativo “Académico”, que es utilizado para denominar no sólo a individuos sino también a entidades o sus productos, objetos o proyectos que se relacionan con niveles superiores de educación.

Unidos pronombre y adjetivo, manifiestan la temática que se va a abordar y que tiene por objetivo establecer a qué se le otorga ese título; qué requisitos debe cumplir para hacerse merecedor de esa denominación y, por supuesto, si hay algo en la música que pueda ser así clasificado. Se debe pues abordar el estudio para establecer cuál es el sustantivo que va a tomar el lugar del pronombre que se utilizó en el título y que recibe el apelativo de académico.

Es de anotar que ACADEMIA se le denominó a una institución educativa fundada por Platón hacia el año 387 a.C., en la antigua Grecia y cuyo nombre se daba en honor Akadeomos (Academos), héroe mitológico quien, según la leyenda, tenía como morada las tierras donde tal institución fuera construida, situada en las afueras de Atenas, en el Ática oriental, tierras que fueran en un principio un jardín público plantado de plátanos y olivos, y que fuera donado a los atenienses.

La instrucción que la “Academia” impartía incluía entre otras, las matemáticas con importante influjo pitagórico; las ciencias naturales, y claro, no podía faltar la dialéctica que como teoría y estrategia retórica de dialogar y discutir con la intensión de descubrir la verdad mediante la exposición y confrontación de razonamientos y argumentaciones contrarios, la que fuera uno de los dominios de ese filósofo inaugurador de la institución que se viene mencionando.

Desde la aparición de la “Academia”, que tuvo manifestaciones en diferentes lugares y momentos, también en la actualidad; su fin social ha sido la educación.

Es de anotar que en la Edad Media academia se denominaba al cuerpo de profesores y estudiantes que se reunían ya sea en la  escuela monástica ubicada en los monasterios, en escuela catedralicia alrededor de la biblioteca de la catedral o la escuela palatina fundada por el emperador Carlomagno en el palacio de su capital Aquisgrán, situada cerca de la frontera alemana con Bélgica y los Países Bajos, durante el Renacimiento carolingio.

Estas escuelas, unas studium para todos los estudiantes sin distinción y otros, los Studium Generale o particulare, el primero para estudios superiores y el segundo con un carácter no universitario;  se impartían por convencimiento, una rama de enseñanza, por parte de lo que en la universidad medieval se llamó Facultad Mayor o cuerpo de profesores.

A mediados del siglo XV que se clasifica como el Renacimiento, se difunde la idea de que academia es una institución cultural fuera del ámbito de la universidad, que pone en contacto a multiplicidad de disciplinas, pero también a intelectuales y donde intercambian artistas, científicos, filólogos, poetas y demás, incluso coincidiendo en la misma persona.

Debe agregarse que más adelante, sobre la década de los 60’s del siglo XVII, lo que se extiende al clasicismo del siglo XVII y neoclasicismo de los siglos XVIII y XIX, en contraste con el barroco y romanticismo, el concepto de academia se asocia a una idea de arte y de estética donde la belleza se identifica con la mimesis; es decir, con la imitación de la naturaleza; y la concepción del aprendizaje del arte se realiza en un entorno académico; esto es, en una institución sujeta a un programa formal con asignaturas y profesores y un aprendizaje basado en la reproducción de los modelos clásicos de la antigüedad y la sujeción a las reglas del arte.

En la actualidad, la academia es sinónimo de "mundo intelectual" que toma asiento en la universidad a la que también pertenece el mundo artístico, con patrocinio privado o público. Pero puede ser también un establecimiento docente no universitario de carácter profesional, artístico, técnico o práctico.

Vale la pena detenerse un momento en el alcance que pueda tener la expresión “mundo intelectual” que se acaba de mencionar porque ¿Qué se quiere decir con “mundo intelectual” que se da como sinónimo de academia?

Intelectual funge aquí como calificativo, pero deviene del sustantivo intelecto, facultad para mantener lo conocido resultante de la investigación, donde la memoria, sin ser eso mismo, juega un papel determinante; que con mucha facilidad se confunde con inteligencia y ésta es en esencia la capacidad de seleccionar con acierto, con precisión. Esta selección es posible solo si se cuenta con un cimiento, un fondo o fundamento que así lo permita.

El intelecto es principio y término de la razón, la que no puede pasar de una cosa a otra si su discurso no empieza en la captación de la realidad; a esta captación se le denomina intelecto de los principios. Pero análogamente, el discurso de la razón debe llegar a algo que se refiriera a los primeros principios y que se constituiría en el juicio intelectual. El intelecto viene a ser pues, principio de la razón, o sea que, con base en lo que ya hay conocido, se inicia el razonamiento; pero el intelecto es a su vez término de la razón al momento de la reflexión alcanzada. Es pues, lo ya conocido o lo que alcanza este estatus.

Agreguemos que el pensamiento va de lo conocido a lo desconocido, lo que se mueve se basa en lo inmóvil y lo inmóvil es lo conocido, el intelecto. El devenir de la razón presupone al intelecto. El intelecto cumple, en el pensamiento, la función de recibir el pensar.

Digámoslo explícitamente: el intelecto es el fundamento de la razón que con el proceso de pensamiento lleva a un juicio para, de toda necesidad, convertirse en nuevo fundamento para posteriores procesos. Es decir, lo conocido, intelecto, inmóvil, sometido a la razón lleva, mediante la acción de conocer, a un nuevo conocimiento que se yergue nuevamente en intelecto para posteriores reflexiones.

Establecido lo que debemos entender como intelecto, queda por revisar su relación con la academia y establecer de qué manera se hacen sinónimos, recordando que la sinonimia es igualdad en el significado, aunque los interdiscursos hagan aportes que pueden determinar y denotar más allá del significado.

 

En la locución “mundo intelectual” el vocablo mundo en términos heideggerianos supone construcción humana en contraste con tierra que hace referencia a lo dado sin intervención de éste. Así, mundo, construcción de la cultural, se hace academia, depósito de lo conocido, lugar del intelecto, del “mundo intelectual” que por acción de la razón alcanza el “juicio intelectual” ya mencionado; nuevo conocimiento que continúa perteneciendo a la academia a la espera de nuevos procesos y nuevos intelectuales que así lo hagan posible.

De otra parte, se dijo en párrafos anteriores que en la actualidad la academia, mundo conocido, mundo intelectual toma asiento en la universidad, para cuyo concepto nos acogemos a lo dicho por Jacques Derrida en  “Las pupilas de la Universidad: el principio de razón y la idea de la Universidad” que en su reflexión se pregunta por la razón de ser de la  universidad, por su justificación para existir, sobre su sentido, su finalidad, sobre su causa para poderla explicar etc., discusión que en su devenir pudo concluir este autor que la universidad es el espacio de la razón o para la razón, que, según se establece en este escrito, inicia en la academia, en el intelecto, en lo conocido hasta alcanzar nuevo conocimiento, consecuencia de la acción del pensamiento.

Es de agregar que, aunque la razón resulta ser una lente prodigiosa con la que pretendemos ver el ser de las cosas, es prodigiosa sí, pero al fin de cuentas lente y como tal resulta limitada.

Por lo anterior también podemos acogernos a que la universidad es el espacio para el saber o del saber, pero, aun así, el saber es una totalidad prácticamente inalcanzable para los mortales (John Dewey “El Arte como experiencia” y François Lyotard “condición posmoderna, informe sobre el saber”.

Queda por añadir que dentro del saber está el conocimiento, alcanzable por la razón con fundamento en la experiencia y ese saber. Entonces, La universidad es el espacio para la construcción de conocimiento y en tanto conocimiento, es intelecto, es academia; esto resulta coincidente con lo que se planteara sobre la universidad.

La universidad es pues el espacio de la razón o para la razón; el espacio para el saber o del saber; el espacio para la construcción de conocimiento, donde se hace academia, se cultiva el intelecto, se construye el conocimiento.

Retomando la discusión sobre Lo académico, el pronombre “Lo” es todo cuanto se estudia en la universidad que, aunque existen instituciones que se autodenominan de esa manera y son de diferente nivel, a la primera, bajo vigilancia estatal, se exige sujeción a un programa formal con asignaturas y personal docente especializado en las diferentes áreas como ya empezara a suceder en período anterior.

Es de agregar que también se define como académico, además del producto resultante de la acción de la academia, a una persona que ha obtenido un título avanzado ya sea en ciencia o en arte y que trabaja como investigador en una universidad.

A riesgo de ser reiterativo por lo que se ofrecen disculpas al lector, se retoman a modo de conclusión algunos conceptos que se establecieron en este escrito. Así, se le otorga ese título de académico al hacer y producir en la universidad que se yergue en conocimiento alcanzado y donde el intelecto juega papel determinante; título que debe cumplir requisitos bajo el rigor de la investigación entendida no necesariamente dentro de lo científico sino en tanto ámbito y contexto del intelecto en la búsqueda del nuevo conocimiento con asiento en la universidad que es diseñada o debe serlo para la academia. Pero para hacerse merecedor de esa denominación lo académico no solo debe cumplir con el rigor mencionado antes, sino que debe tener reconocimiento de pares académicos y así mismo del grupo social inmiscuido en la producción del conocimiento que habita, además, la sede natural para la producción del conocimiento como es la universidad.

Para cerrar, por supuesto que debe hacerse referencia a si hay algo en la música que pueda ser así calificado. Si entendemos esta disciplina como correlato del lenguaje, mejor que éste, en la música es más preciso decir que es heteróclito y multiforme y todo lo que a partir de Ferdinand De Saussure se construyó en el lenguaje, está por hacer en la música incluso partir de lo más elemental que es la denominación en correspondiente y en coherencia con la naturaleza de esa facultad. Eso no va a ser posible si desde la comodidad de la transliteración desde cualquier otro sistema semiótico nos dedicamos al deleite, al goce dejando de lado su decir y lo que implica su traducción u otro sistema, particularmente el verbal; y su capacidad para conmover.

Todo lo anterior debe seguir siendo un ejercicio académico y es la universidad, se reitera, el ámbito para establecerlo de tal suerte que se superar, de una vez por todas, los juicios de valor tan naturales en el discurso musical.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Cruz, Juan. (2002). Intelecto razón y entendimiento. Recuperado de https://www.todostuslibros.com/autor/cruz-cruz-jua

Derrida, J. (1989) Las pupilas de la Universidad: el principio de razón y la idea de la Universidad. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=27907

Dewey, J. (1934) El Arte como experiencia. Recuperado de archivos.liccom.edu.uy/.../Dewey,%20John%20-%20El%20arte%20como%20experie

Heidegger, M. (1953). El Origen de la obra de Arte. Madrid. Ed. Alianza

López, R. (2000). Música y retórica de le barroco. México, Editorial, Amalgama Ediciones

Lyotard, F. (11987) Condición posmoderna, informe sobre el saber. Recuperado de: cmap.javeriana.edu.co/servlet/SBReadResourceServlet?rid=1KBWV3GHX...321

Saussure, F (1913). Curso de lingüística general. Buenos Aires, Argentina. Ed. Lozada.

Tovar, H. (2013). Reflexiones sobre el arte y lo artístico. Una mirada desde la semiótica. Realitas, Revista de Ciencias Sociales, Humanas y Artes, 1(1), 76-81

Tovar, H. (2014) Arte ¿Conocimiento o Poiesis? Tesis de Maestría, Universidad Sergio Arboleda. Bogotá, Colombia

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